32% más ingresos, 56% más retorno: lo que McKinsey demostró (y la mayoría sigue ignorando)

El McKinsey Design Index y por qué el diseño es la variable financiera más infrautilizada del mercado

En 2018, McKinsey publicó un estudio que debería haber cambiado la conversación sobre diseño y finanzas corporativas. No lo hizo — al menos, no lo suficiente.

El estudio, titulado "The Business Value of Design", analizó las acciones de diseño de 300 empresas cotizadas durante cinco años, recopilando más de 2 millones de datos financieros y registrando más de 100.000 elementos de diseño. La conclusión fue directa: las empresas en el cuartil superior del McKinsey Design Index (MDI) experimentaron un crecimiento de ingresos 32 puntos porcentuales superior y un retorno total para accionistas 56 puntos porcentuales superior al de sus competidores durante el período analizado.

No son diferencias marginales. Son diferencias de régimen — el tipo de gap que, en cualquier otra variable de negocio, movilizaría la atención inmediata de directivos e inversores.

El McKinsey Design Index: qué mide

El MDI no evalúa si una empresa tiene un logo bonito. Evalúa cuatro capacidades organizativas:

1. Liderazgo analítico del diseño. ¿Se mide el rendimiento del diseño con el mismo rigor que se miden ingresos y costes? ¿Hay métricas de UX, satisfacción y experiencia integradas en los cuadros de mando de la dirección?

2. Experiencia de usuario transversal. ¿Se derriban las barreras internas entre diseño físico, digital y de servicios? ¿Existe una visión integrada de la experiencia del cliente?

3. Iteración continua. ¿Se prototipa, se testea y se itera con usuarios reales de forma continua, o el diseño es un proceso lineal que termina con el lanzamiento?

4. Diseño centrado en el usuario como responsabilidad compartida. ¿El diseño es asunto de toda la organización, o está relegado a un departamento que recibe briefings?

Lo notable de este marco es que no es subjetivo. Cada empresa recibió una puntuación basada en acciones verificables, no en percepciones. Y esa puntuación correlacionó con rendimiento financiero real.

La distribución del premio: desproporcionada

Un hallazgo del estudio merece atención especial: las diferencias de rendimiento financiero entre los cuartiles segundo, tercero y cuarto eran marginales. Solo el cuartil superior se diferenciaba significativamente. En palabras de McKinsey, el mercado premia de forma desproporcionada a las empresas cuyo diseño realmente destaca.

Esto tiene una implicación directa para la estrategia de inversión: un nivel "aceptable" de diseño no mueve la aguja. Solo la excelencia de diseño — gestionada como capacidad organizativa, no como estética — produce retornos superiores. Ser mediocre en diseño es financieramente equivalente a no tener diseño en absoluto.

Por qué la mayoría sigue sin actuar

Si la evidencia es tan clara, ¿por qué tantas empresas siguen tratando el diseño como un coste residual? McKinsey documenta la respuesta: más del 40% de las empresas encuestadas no hablan con sus usuarios finales durante el desarrollo de producto. Más del 50% reconoce no tener una forma objetiva de evaluar el trabajo de sus equipos de diseño.

Esas cifras revelan un problema de gestión, no de diseño. No es que el diseño no funcione — es que no se mide, no se gestiona y no se integra en la toma de decisiones con el mismo rigor que las finanzas o las operaciones. El diseño funciona cuando se trata como un activo estratégico. Cuando se trata como decoración, produce exactamente eso: decoración.

Las cuatro acciones que separan al cuartil superior

McKinsey identifica cuatro patrones de comportamiento en las empresas que alcanzan el cuartil superior del MDI:

  1. Tratan el diseño como tema de alta dirección. No lo delegan a mandos intermedios. El CEO y el equipo directivo participan en decisiones de diseño del mismo modo que participan en decisiones financieras.

  2. Miden el diseño con rigor. Tienen métricas específicas de experiencia de usuario, satisfacción y calidad de diseño integradas en sus indicadores de negocio

  3. Integran diseño físico, digital y de servicio. No operan en silos. La experiencia del cliente es una responsabilidad transversal

  4. Iteran continuamente. Prototipan, testean, escuchan y ajustan de forma permanente. El diseño no es un evento — es un proceso.

Implicación para la valoración

Para quien valora empresas — ya sea como comprador, inversor o asesor de M&A — los hallazgos de McKinsey ofrecen un marco analítico aplicable. Si las empresas con excelencia de diseño generan 32 puntos más de crecimiento y 56 más de retorno a accionistas, entonces la capacidad de diseño no es un soft factor: es una variable predictiva del rendimiento financiero.

Integrar esa variable en los modelos de valoración — evaluando las cuatro dimensiones del MDI — permite identificar empresas infravaloradas cuyo potencial de mejora está, literalmente, en la calidad de su diseño.

Conclusión

McKinsey lo demostró con 300 empresas, 5 años de datos y más de 2 millones de registros financieros: el diseño excelente genera retornos desproporcionados. El dato no es nuevo — tiene casi una década. Lo que es nuevo, o debería serlo, es que directivos e inversores actúen en consecuencia.

Qué debería mirar un inversor: las cuatro dimensiones del MDI aplicadas al target. Si no se mide el diseño, no se gestiona. Y si no se gestiona, se está dejando sobre la mesa el 32% de crecimiento incremental que McKinsey documentó.

 

Visión teamOn

En nuestra experiencia, la mayoría de las empresas que asesoramos en procesos de venta o captación de capital nunca han evaluado formalmente su capacidad de diseño. Incorporar una evaluación tipo MDI — aunque sea simplificada — en la preparación del proceso no solo mejora la narrativa ante el comprador: identifica áreas donde una inversión modesta puede tener un impacto desproporcionado en múltiplo.

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